Mientras la provincia se cae a pedazos,
y sus cerros y sus mares y sus prados y sus hielos
se transforman en una impiadosa carnicería
de hipocampos y mano de obra,
yo me dedico a escuchar viejas canciones
que hablan de olvido y amor,
y vuelvo a descubrir
que solo soy un animal huyente,
una ruma de huesos sin lucero
que no se emancipa del dolor
ni del sexo
ni del hambre.
Mientras todo cae
sigo siendo un simulacro de otra vida
.
Publicado por
Miguel Eduardo Bórquez
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2 comentarios:
ya no hay tomatitos que devorar, ay
¡Vamos la poesía todavía! Un abrazo.
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