Mil días o mil años,
una vida o más iré buscándote,
escarbando con mis dedos la tierra de tus muertos,
el sexo entre tus nieves, la más profana paz.
Mil años o mil vidas,
el tiempo que dure el mundo creeré para no creer más,
y para no buscar buscaré eso que brilló de tu boca a mi boca
y en dirección contraria al sol fue el signo,
el puente entre dos cielos
condenados a caer.
.
.
.
Publicado por
Miguel Eduardo Bórquez
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir con Twitter
Compartir con Facebook
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada