elKeltehue

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Del cielo enjaulado
el mezquino precio que tiene lo que no recuerdo,
aunque quiera.


Destruyóse
la aciaga mar de mi memoria,
las cosas que siempre tuve y nunca pude amar.


Los continentes que vi
son ahora simples, meridionales islas,
y los océanos que navegué
son el desierto en que duerme el enemigo.


Me sangra en el costado la transparencia del mundo.


Todo cuanto recuerdo es el hedor de Dios
al desenterrar mis huesos
en medio de la quinta.


No tengo pasado.






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Mientras la provincia se cae a pedazos,
y sus cerros y sus mares y sus prados y sus hielos
se transforman en una impiadosa carnicería
de hipocampos y mano de obra,
yo me dedico a escuchar viejas canciones
que hablan de olvido y amor,
y vuelvo a descubrir
que solo soy un animal huyente,
una ruma de huesos sin lucero
que no se emancipa del dolor
ni del sexo
ni del hambre.






Mientras todo cae
sigo siendo un simulacro de otra vida




 “acercándonos
 deberíamos salir en la misma imagen.”


Niki Kuscevic
 



Dime quién, corazón sin cielo,
quién soy yo para hablarte estas cosas,
quién soy yo para contarte estas tristes historias,
estas diminutas epopeyas de final amargo que no hacen
más que llorar de soledad bajo las flores.

Dime quién soy yo para escribir esperanza,
para jurar y no jurar un poema como el sepulcro abierto
que guarda en su ceniza la nueva primavera.

Dime quién, corazón de niña,
quién soy yo para hablarte estas cosas, esta pena, esta nada.

Dime quién soy yo para hablarte de amor.







GEOGRAFÍA DEL MILAGRO
 de Miguel E. Bórquez 

Poemas.
2011.
pdf descargable
aquí 



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Cómo fornicarán bajo los árboles las medusas, 

cómo a través de las nubes y sin nosotros

orbitarán ciertos planetas.



Cómo fornicarán, te pregunté,

mientras el peladero de este país que huele a otro

se iba llenando de escombros y barricadas,

de seres y cosas muertas

que aún muertas resistirían lo más callado.



Cómo fornicarán, te pregunté,

las flores que no vemos, los cuerpos que no habitamos,

los poemas que no escribimos.



Y en tu respuesta todo voló, nada voló.

Perduró el miedo entre los dos,

el miedo y eso que

se parece al dolor.
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Mil días o mil años,
una vida o más iré buscándote,
escarbando con mis dedos la tierra de tus muertos,
el sexo entre tus nieves, la más profana paz.

Mil años o mil vidas,
el tiempo que dure el mundo creeré para no creer más,
y para no buscar buscaré eso que brilló de tu boca a mi boca
y en dirección contraria al sol fue el signo,
el puente entre dos cielos
condenados a caer.

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Escribir para dibujar de esperanza este infierno.
Escribir para exorcizar del tiempo y la distancia a la muerte.
Escribir para no escribir más,
para decir y no decir lo que podría ser de esta vida
si los huesos, si las tripas, si los sesos
fueran una mentira más contagiándose entre los hombres.










Cualquier noche de estas noches
volverás a ver al cielo quebrarse tras un sauce,
y escribir desde sus nubes
nuevas y esplendidas palabras de amor.

Cualquier noche de estas noches
volverás a andar caminos trazados por la nieve,
y recordarás en el sonido de tus propios pasos
tiempos ya pasados, nombres ya olvidados.

Cualquier noche de estas noches
volverás a sentir el frío sin forma del sur helándote la boca,
y sin pensar pensarás, sin decir dirás
mi mundo es esto:
una piedra, un mar,
 un sol tallado por el viento.

Cualquier noche de estas noches
volverás sin rey al reino para hacer nacer la hierba,
y al decir de Dylan Thomas,
la muerte no tendrá dominio
sobre lo que pudiendo ser amor
tú y yo transformamos en algo mayor.