
Sólo me despeinan los aviones, las bombas de racimo, los edificios occipitales que no caen. Lo pienso y lo sigo pensando, me excito. Te llevé a conocer las torres del paine, tan viejas en sus postales y tan púberes cuando se prenden, o a propósito irreconocibles al lado de la foto –majestuosa y gigante- que adorna el sitio web de la conaf. Vimos juntos los aviones, tristemente aterrizando lejos, los vacunos vegetando en la pampa y sus terneros corriendo libres, salvo esos alambres que mejor es omitir. Cosas vimos, es cierto, pero las torres no. Había un zorro, eso sí, un zorro domesticado al que diste tu sándwich de jamón y queso. Las torres ya no estaban.
National park (dos)
El follaje subordina al sol. Descanso panza arriba augurando paisajes diferentes, intuiciones que se pierdan de repente. Profetizo escombros, pies humanos que se mojan con la plata. Estoy fondeado tan convicto, desapareciendo boca a boca. Extrañas formas se convocan en mi lumbre, amorfas ninfas parturientas. No me hallo en lo que soy; no fui lo que ya dije.
National park (tres)
Es fácil ser irremediable y convivir con ello. Mientras pagas en conaf yo fotografío las torres, antes de llover. Van y vienen los turistas, van y vienen los queltehues. Yo no vengo, voy. Saco fotos irrelevantes a objetos y paisajes perfectos, imperecederos. Objetos y paisajes que no veo.
National park (cuatro)
Se estacan mis horas en el muro de tus ojos. Ahora que no sé, no supe desde cuando los colores en la tierra, los anillos en el río sumergidos al coral o los excrementos de turistas. No supe tus colores, tus trampas, tus hijos, tus farmacias. Voy y choco con tus muertos, sin sosiego. Me reviento los nudillos de rabia, me arranco las amígdalas y lloro. Vine para ser tan esto, tan lo otro, vine y me quedé cercenándome los dedos para no tocar tu foto con la flor y las tetitas así de puñaladas o recortarte de las otras y pegarte estampillas en la risa, que te ríes de lo que hablo, tan bonita escuetamente, tan seca. Tan terrestre que me asustas.
National park (cinco)
Desde este cerro se ve el espacio. Es un decir, el espacio no se ve. Hay el calor de tus manos en las mías, el puto viento zigzagueándonos curioso, voyerista. Desde aquí deberían verse las torres, mas las nubes, las nubes otra vez lo tapan todo. Me dices hace frío, perdí mis guantes, estoy resfriada. Pasan autos por el ripio, ruidosos. Aunque nada se vea fotografías igual; fotografías nubes.
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